lunes, 14 de febrero de 2022

El buen chullachaki: contradicción entre un mito amazónico y la narrativa cristiana

 

Por Andrés Agüero Gonzales

Cada época de la historia ha estado guiada, entre otros elementos, por narrativas que atraviesan la organización social y psicológica de las organizaciones humanas.  En el esclavismo, la noción de un destino inevitable y fatal predominó varios siglos entre los griegos.  Durante la Edad Media fue mucho más generalizado y relevante el discurso cristiano de la vida eterna como premio después de una existencia de padecimientos que debían de soportarse de manera obediente y sumisa. En esa misma línea se podrían incluir otras narrativas como la del progreso o la del eterno retorno; sin embargo, una de las que pervive hasta la actualidad es la cristiana, aunque ya no tiene el mismo impacto que en el medioevo.   Ahora bien, mencionamos la narración cristiana del padecimiento terrenal y el consecuente premio post-mortem de la vida eterna, debido a que identificamos en el relato “Cómo algunos brujos crean personas”, incluido en el libro Las tres mitades de Ino Moxo de César Calvo, una propuesta, hasta cierto punto, contradictoria a la promesa política de la cristiandad.

En el relato mencionado, se cuenta la existencia de un ser que puede ser creado por un brujo amazónico experto, el chullachaki.  Según lo narrado, esta criatura puede tener dos tipos de naturalezas, una mala y otra buena (sobre la mala no nos extenderemos ya que no aportará al análisis).  La buena es una especie de pequeño ser mágico que es capaz de dar felicidad a quien lo conozca y pueda entablar amistad con él. El texto refiere que “Únicamente existen, todo el tiempo que existen, para lo cariñoso, para ayudarle al bien”.  El bien al que alude no es solo de tipo espiritual, sino que está vinculado sobre todo a la abundancia y la tenencia de posesiones terrenales que hacen feliz a un ser humano, lo que va desde tener una descendencia prolífica y llena de felicidad, hasta ser fértil en la crianza de animales y los cultivos o las propiedades. La condición para que el chullachaki actúe de esta manera es que la persona no se haga daño a sí misma y que no se vincule al cristianismo.

Ahora bien, observamos algunas contradicciones entre la narrativa que se crea alrededor de la descripción de un chullachaki y la cristiana.  Primero, en el relato amazónico la criatura benefactora es una creación sobrenatural, pero generada por un hombre que tiene contacto con la dimensión mágica del mundo, un brujo.  Por el contrario, la deidad cristiana pertenece a una dimensión diferente a la humana, anterior a ella, tanto así que es omnipotente, omnisciente y omnipresente, cualidades que no se le atribuyen al ser mágico pagano.  En segundo lugar, en la narrativa amazónica, observamos que la condición que se impone al hombre que encuentra y entabla amistad con el chullachaki bueno, para que pueda acceder a beneficiarse de su magia, es de cumplimiento factible y beneficioso “que no fumes, que no te dañes dañando a otros y que no vayas a la iglesia”.  En el caso de las exigencias cristianas, sus decálogos y mandamientos son bastante complejos y llenos de limitaciones que implican desde privaciones alimenticias hasta sexuales, códigos que han sido endurecidos o flexibilizados según la época y la interpretación de la Iglesia. En tercer lugar, el chullachaki es una deidad personal, una criatura que alguien debe encontrar en medio del bosque y que será una especie de protector personal.  En cambio, en la mitología cristiana, Dios es un ente único y que atiende, debido a sus cualidades sobrenaturales e incomprensibles para la racionalidad, a todos los seres humanos.

Esta contradicción entre las características de las deidades pone de relieve que en la primera se evidencia una simplicidad para acercase a la felicidad que está asociada al disfrute de la naturaleza, al goce de las bondades que esta brinda, al placer que se experimenta a través del cuerpo que puede satisfacer sus necesidades debido a la abundancia en el presente mundo terrenal y a una dimensión mágica que, en el mejor de los casos, no es castigadora.  Su contraparte, el relato cristiano, es una teología del sufrimiento y la obediencia, que vincula lo éticamente bueno a la privación del goce corporal y a la carencia como una especie de requisito que debe de cumplir o soportar el cristiano con el objetivo de disfrutar de un premio que se le dará en el más allá (lo que es claramente una promesa política que quizá no se cumpla). 

Puestos a elegir cada uno es libre de creer en el relato que quiera.  A estas alturas de la vida, algunos nos reprenderán por esta artículo blasfemo y refozarán las razones de su fe, mientras que otros se arriesgarán para buscar en algún bosque amazónico su propio chullachaki bueno.  Así que, quienes quieran marchar al bello oriente peruano, aquí tienen un motivo más. 

PD. Cuidado con encontrase un chullachaki malo, eso sí que lo perjudicaría. 


Imagen tomada de: https://uniandes.edu.co/es/noticias/psicologia/el-juicio-moral-mas-alla-de-lo-bueno-y-lo-malo  





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