A mi madre, Betty Gonzales, que canta esos huaynos que me alegra el corazón.
Existen tantas formas de afrontar
o enfrentar la vida como hay seres humanos en este mundo (aunque la posmodernidad y la lógica de
mercado a veces demuestran lo contrario). Una de esas maneras fue, en la antigua Grecia,
el estoicismo. Explicar sus planteamientos filosóficos en un breve artículo es complicado,
pero esperamos que la desleal síntesis sea válida para exponer nuestro
razonamiento respecto de un Huayno de la Flor Pucarina.
Los estoicos creían que todo en
la naturaleza, incluyendo a Dios, estaba dominado por una ley universal
racional (el logos), y que si el hombre usaba su razón podría comprenderla y
vivir en armonía con ella. Esto
implicaba que el ser humano debía aceptar su condición porque es parte de la
naturaleza que es perfecta. Por eso, era
inadmisible para un estoico que un hombre sabio ceda sin freno, mesura o razón
(logos) a satisfacer desmedidamente los placeres que el cuerpo le exige.
Hacerlo sería ir en contra de la Naturaleza o de Dios, ambos seres perfectos,
modelos de virtud y fuente de felicidad porque están dominados por la
racionalidad y el equilibrio. Por eso,
los estoicos rechazaban la obtención del placer o el disfrute de bienes
materiales o terrenales como camino para el logro de la felicidad. Por el contrario, sostenían que la única
manera de hacerlo era concentrándose en la comprensión del logos que los unía a
la naturaleza y a al Creador. (Martos, 1998). Un ejemplo contemporáneo de estoico
sería un monje de clausura que decide alejarse de todo lo terrenal y evitar
todo placer del cuerpo para ir a vivir a un convento y ahí estudiar a la
naturaleza y a la divinidad, pero no como un acto de privación, sino porque está
convencido de que ese es el camino para ser feliz.
Ahora bien, muchos estudiosos de la cultura Andina, desde Arguedas hasta Rostorowsky, han advertido que no se debe intentar comprender esta cosmovisión desde la racionalidad occidental, porque las manifestaciones del Ande tienen su propia lógica y sus propias categorías de pensamiento. Sin embargo, consideramos que uno de los huaynos de la Flor Pucarina, cantora serrana e insigne de la música Huanca y del Perú, expresa en una de sus canciones una clara contradicción al pensamiento estoico, aunque a su vez confirma esas ideas, sin que esto haya sido necesariamente intencional en la composición musical. Pese a que el enunciado parece incongruente, creemos que en la letra de la canción se encuentra el principal argumento para demostrar nuestra postura. A continuación, presentamos los versos del bello huayno titulado Joven soy y luego nuestras consideraciones:
Joven soy como las flores
Las horas se van llevando pedazos de vida
Oh vida, dónde me llevas con tus caprichos
Cuando más gozo en la vida, se termina.
El cariño que yo tuve
Se ha marchitado como los lirios del campo
Mis ojos, estos mis ojos tienen la culpa
De haberte amado con locura en la vida
Esta vida no me conviene mejor es la muerte
Esta vida no me conviene mejor es la muerte
(Quienes no han escuchado el huayno pueden hacerlo en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=VDmMHHKS5rg)
Las dos líneas que inician el tema nos presentan la primera contrariedad con la doctrina estoica ya que la existencia es vista como una agonía producida por el pasar del tiempo. Esto se evidencia desde el primer verso que usa un símil para que el yo poético de la cantora se identifique con la naturaleza (rasgo típico de la cosmovisión andina), y se presenta como las flores, lo que expresa la noción de belleza, pero también de fugacidad porque es condición de toda flor volverse mustia pronto. El siguiente verso inserta la idea del tiempo que no se concibe como una condición perfecta de la naturaleza que ordena el cosmos, sino como un agente destructor, son las “horas” las que se llevan “pedazos de vida”. Esta metáfora nos muestra el decurso como una condición dolorosa, ya que parte a la flor, la desmembra para consumirla poco a poco. Podemos observar que, en el huayno, ser una flor no es, como pensaría un estoico, una manifestación perfecta de Dios, sino una condición fatal, ya que el tiempo, que no espera a nadie, la irá destruyendo poco a poco. La primera contradicción con el estoicismo consiste, entonces, en que el existir joven y bello no se vive como una condición natural o material que debiera ser indiferente a quien busca la sabiduría en la razón, sino que produce un profundo dolor porque es un momento deseado, pero fugaz y agónico.
La segunda contradicción con el
estoicismo consiste en que el huayno expresa, desde el verso tercero hasta el octavo,
que el yo poético se ha sujetado al gozo de lo terrenal sin considerar que
estos debieran estar domeñados por la razón. En primer lugar, porque en el tercer
y cuarto verso es la vida quien “con sus caprichos” determina el lugar en donde
continúa la existencia de la voz cantora.
No es la razón del yo poético la que decide dónde vivir, sino que se
deja llevar como la hojarasca, como un ser sin razón o conciencia. Además, se
adiciona otro elemento que es contrario a la doctrina estoica, el gozo que
alude a lo terrenal y corpóreo porque a continuación se agrega “cuando más gozo
en la vida, se termina”. Este tipo de
placer no puede ser el del logos o la razón, porque ese no tiene fin. La cantora alude a un placer finito y fugaz
que es propio del cuerpo. En segundo
lugar, pero siguiendo la misma lógica, los versos desde el quinto hasta el
octavo refuerzan lo ya expuesto. El
cariño se marchita como los lirios, es decir, no era un amor dilecto, eterno,
imperecedero, sino momentáneo y producto de una ilusión. Esto porque son “mis
ojos” los culpables de vivir un amor loco.
Estas metáforas son elocuentes porque los ojos simbolizan la ilusión, se sabe que la vista es uno de los sentidos que fácilmente puede ser burlado
cuando sufre alguna perturbación psicológica como ocurre en un enamoramiento. Y al
parecer, este es el caso del yo poético que admite haber “amado con locura”. Nuevamente, la letra nos muestra que la falta
de dominio sobre el cuerpo, sobre sus deseos, lleva a quien nos cuenta la
historia en este huayno a la locura o al dolor. Todo este fragmento de la canción por antífrasis les da la razón a los estoicos: quien no vive dominado por la
razón y cede a los placeres de la carne, será infeliz.
La tercera contradicción con la
postura estoica que expone el huayno es la concepción de la muerte. Para los estoicos la muerte no era un trauma,
era una manifestación de la naturaleza, se aceptaba como parte del orden lógico
y racional de la vida que debe ser aceptada sin amargura o resentimiento. Por el contrario, en el huayno los dos
últimos versos aluden a la muerte como la solución para una existencia plagada
de sufrimientos padecidos por la cantora.
La canción no propone la muerte como un fin natural de la vida, sino
como un remedio para “esta vida”, para una en la que todo es fugaz, donde es
imposible gozar de la juventud que es arrebatada, donde la falta de razón para
dominar sus actos somete a la cantora a amores que son falsos y que la llevan a
enloquecer. No se acepta la muerte como un suceso natural, se la invoca como
una especie de eutanasia para un alma que no desea seguir sufriendo, lo que es
claramente contrario a la doctrina estoica.
En conclusión, consideramos que,
en este huayno, no sabemos si de manera consciente o inconsciente, expresa los
antípodas del pensamiento de los estoicos, pero a la vez se confirma sus
postulados, porque el yo poético hace todo lo que ellos no recomiendan y, como
consecuencia lógica, queda al final del huayno un alma que solo pide morir para
no seguir sufriendo.
Para concluir quisiéramos agregar
que, aunque la narrativa de la canción sea trágica, no por esto deja de ser
bella (la literatura está llena de ejemplos de tragedias que aprietan nuestros
corazones, pero que necesitamos ver y vivir en los personajes para luego
sentirnos más vivos). Por supuesto, no
sabemos explicar con certeza ni razón en qué radica la belleza de ese huayno,
quizá en su sencillez lírica para expresar todo el sufrimiento que puede vivir
un ser humano en el aspecto existencial y en el amor con tan pocas líneas, o en
la belleza del acompañamiento y la interpretación desgarradora y franca de la
Flor Pucarina (una de las más grandes cantoras que ha visto nuestro país). Después de escucharla cantar con sinceridad
de artista hecha de tierra y sal y lluvia, queda claro que su obra musical da para mucho más análisis que una
sencilla y anecdótica comparación con una antigua doctrina griega. Pero de eso tendrán que encargarse mentes más
preparadas y agudas. La gloria sea con quienes le han cantado a la vida y a la
muerte.
Referencia
Martos, J.F. (1998). El concepto de placer en la ética estoica. Florentia Iliberritaria. (9) pp. 199-213. https://revistaseug.ugr.es/index.php/florentia/article/view/4332
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